La distancia que media entre nosotros
no supone, en modo alguno, ausencia
para quien disfrutó de tu presencia,
por muchos que fueren los kilómetros.
Podré disimularla ante los otros,
vestirla de sonrisa y apariencia,
teñirla hábilmente de coherencia,
aromarla con perfume de heliotropos.
Viva en mi pensamiento -cada instante
un recuerdo feliz relampaguea
como el brillo en la arista de un diamante-
permaneces; eres única idea
y motor de este corazón amante
que aún late, loco, porque te desea.
