28 may 2007

Sin título

Cayó imperceptible, una hoja de papel sobre la alfombra
era portadora de emociones, ideas, sentimientos y esperanzas
el mejor legado, el que sin precio material, vale tesoros
porque no se consigue con denarios, ni con fortuna alguna.
Era el alma traducida en palabras, esas que nunca alcanzan
y sólo es para los elegidos, aunque a veces, ese valor sin ser oro
queda opacado por sensuales artificios no elegidos
u otros brillos sin sustancia, que enceguecen y aprisionan ansiedades
temblores y cientos de deseos, que más parecen ambiciones fatuas
sin valor, pobres en esencia aunque presumen de inalcanzables.
Pero será tan difícil comprender que por mirar lo que parece valer tanto
no nos damos cuenta del tesoro que se nos escapa de las manos.
Será que hay que ver profundamente, luchando contra tentación y espanto.
La poesía se cayó, ¿Será un símbolo? O acaso un toque de atención
que tenemos que esforzarnos en levantar los muros construídos
porque algún cimiento está temblando...
Y si tiembla, esa tensión siempre son los demás
porque si hay algo claro en este oscuro mundo
es que las construcciones laboriosas de los dos, sólo trastabillan
cuando aparece el número tres,
osea, alguien ajeno, que sabiéndolo o no,
no entiende el esfuerzo y el amor que costó esa obra.
Y así, este castillo que levantamos paso a paso caminando
tendrá que abrir mil ventanas, por una sola que cerró
y que siempre es la mentira, esa que produce zozobra
cuya raíz es sólo un instante de placer siempre escondido
bajo el disfraz de amor o acaso variar lo conocido
creyendo transformar en un tormento
una forma nueva de un fondo tan mentido
al que no deberemos dejar que sea el tiempo
quien demuestre que el amor, la lealtad y lo perdido
sólo fue por el calor de un mal momento.
Así que retrocede, levanta la poesía que olvidaste
que más que poesía, es la reflexión que nos debemos.
Para que a nuestra verdad no la desgaste
la serpiente en la flor, que nunca vemos...