El ocaso de otro día llega, recordándome que no fue suficiente el día para acabar de resolver mis problemas.
Me invade la impaciencia, trato de resolver mis problemas y estos se hacen más grandes o empiezan otros nuevos.
Siento que camino en medio de la niebla, ya que no encuentro nada más que tropiezos, pero cuanto más sola me siento, cuándo grito y escucho sólo el eco de mi voz, ahí está, esa mano desconocida que siempre toca mi hombro, enjuga las lágrimas de mi rostro y me ayuda a levantarme.
Pero no puedo ver su rostro en medio de la espesa niebla, no se quién es, pero siempre hace lo mismo cada vez que caigo y siento que jamás volveré a levantarme...
Mis pensamientos se revuelven creando un caos en mi cabeza. El pasado llega pero no me atormenta, me muestra una pequeña luz que me ayuda a pasar algunos obstáculos del camino, pero no me ayuda cuando los obstáculos son nuevos para mí.
He tenido que aprender rápidamente a pasarlos antes de que termine el día, pero otras veces son tan grandes, que veo pasar varios ocasos y no puedo superarlos...
Parece que la vida se ha empeñado en darme sus mejores golpes, pero me ha enseñado a evadir otros tantos y acertar algunos en contra de ella, pero por cada golpe que logro devolverle me da diez más.
Me siento cansada, pero mi instinto de supervivencia me obliga a seguir en pie hasta que el encuentro termine, sin importar si salgo victoriosa o no. Lo único que quiero es poder sentarme y tomar un respiro, pero la vida es rápida y no me da tiempo de nada...
El ocaso de otro día llega, y me doy cuenta que el encuentro terminó, es hora de descansar para iniciar otro encuentro más, pero mis pensamientos no me dejan, ahora tengo que enfrentarlos hasta el amanecer de un nuevo día.
