Cada vez que cierro mis ojos,
cada vez que aparece tu imagen delante de mi,
rodeándome en cada dirección que miro,
tu mirada atraviesa mi alma como si no existiera...
Mi sangre se incendia de pasión,
como una jauría de perros salvajes
en el instante de atrapar su presa,
lleno de vida, y a punto de morir...
Como si de cada momento contigo, fuera una extraña.
Lo que queda de mi, cuanto puedes ver,
son los despojos del deseo que me incinera,
las ruinas de una criatura que no logra entender
acerca de lo que puede y no puede ser;
esa parte de mi que espera cada noche de luna llena,
porque sabe que no podré contenerla.
Consciente o inconscientemente, quererte de este modo
sería algún día un arma de dos filos, la cual me dañaría sin remedio...
Es el precio que hay que pagar cuando se tiene un Corazón de Espada.
