De nuevo esperando la llegada imposible de alguien que logre sacarme de esta madriguera, tratando de encontrar en la oscuridad un motivo por el cual vivir, escarbando en lo más profundo de mi existir el porque estoy así, mirando alrededor, pues puede ser que escuche más que al viento pasar por el pasillo oscuro que da a mi habitación, de nuevo aquí estoy... sola. Heme aquí, inerte como ya es costumbre, observando cada rayo de sol que entra por mi ventana y deseando que no deje de pasar por el delgado cristal.
Pero es tan fría esta soledad que oscurece ese cristal con su frialdad, es tan intensa que cala mas allá de los huesos y duele más cerca del corazón, tanto dolor he soportado, que mis fuerzas se han agotado, por todo el tiempo que he estado en constante entrada y salida de personas que vienen a arrancarme una parte de mi vida, y otras que afortunadamente me entregan un pedazo de cielo en cada sonrisa, pero ese cielo, ese bendito cielo, al ver alrededor y no sentir a nadie cerca, se transforma en un infierno donde las llamas del desprecio calcinan a mi pobre y aturdido corazón, este infierno lleno de ausencias que me hacen ver mi cruda y merecida realidad.
Es tan horrorosa la sensación de estar sola, que dan ganas de no vivir, o mejor dicho, cuando no hay más que soledad, vivir te quita las ganas; y cuando vives a oscuras a veces escondida tras el silencio viene un instante donde pasa por tu cabeza adolorida de tanto girar, un dolor tan intenso al ver tu alrededor convertido en un desierto, el cual lleno de espejismo parece que se burla de ti y esconde el oasis que en algún lugar espera para saciar tu sed de compartir, y en esos precisos momentos es cuando logra asomarse un rayo de luz por esa ventana teñida de azul cristal, que dice con bailes de sombras que no desespere, que al final encontraré ese oasis desbordando de calor humano y que espera en algún lugar de mi vida desierta.
Más sin dejar de pensar vuelvo a mi cuarto, donde el único refugio son las paredes y donde mi único confidente es un instrumento de madera que conoce de principio a fin todas mis penas, pues el término alegría se esta perdiendo poco a poco en ese efecto que implora cada partícula de mis pensamientos, y sigo en mi cuarto escribiendo por inercia en una hoja de papel todo aquello que desearía hacer, decir, pensar, sentir... si estuviera con alguien más.
No pido mucho, no exijo en lo mas mínimo, lo único que anhelo es volver a tener a una persona que me escuchase, me guiase, que sonría conmigo y que trate de ayudarme a cargar con todo el peso de mis confusiones existenciales. Más caigo en esta vida donde estoy sin ese utópico ser.
Nada deseo más, que volver a sentir que estoy protegida por alguien, que doy calor a un corazón hambriento de caricias y sediento de besos, necesito tener una razón para despertar con ansias de estar al lado de alguien que al igual que yo me necesita...
No puedo seguir así, esperando vanamente por ese sentimiento que al igual que todo, me ha abandonado, no resistiré la escasez de los "Te Amos" que hay en mi vida, no soy tan fuerte para aguantar un minuto mas de soledad, no más, no podré con esta aparente eterna soledad, la que por ser eterna hace que me cuestione: ¿Cómo se aprende a vivir sola? Y en el sonido que hace el silencio al llegar a cualquier parte, espero la respuesta a mi pregunta, pues si he de vivir así por el resto de mi vida, tendré que aprender a hacerme amigo de la soledad.
Pero después de tanta agonía, dolor, sufrimiento, vacío, frío, ansiedad, desesperación, después de tanta soledad, se ve en la espesa y oscura de sentimientos encontrados un lado bueno, por fin puedo notar que cuando se cierra una puerta una ventana ha sido abierta y logro distinguir de entre tantas cosas un lugar en la soledad exiliado por la misma soledad, donde encontré a alguien.
¿Puedes creerlo? En la soledad, después de todo lo que me hizo pasar, me acerco a alguien que irónicamente estuvo siempre allí pero nunca vi, y me acerco lentamente a ese ser y cuando llego al lugar donde se encuentra, siento ese calor que buscaba, logro experimentar la paz después de tanto esperar, siento que ya no tendré que contarle a una guitarra todas mis penas, ni escribir en hojas lo que me gustaría hacer o decir, con esa persona me siento tan llena que me olvido que estoy dentro de la misma soledad.
Y al final, en la noche, después de un día completo lleno de gente pero falto de presencia, observo el lugar donde suele estar la Luna, que al parecer también me ha dejado, y observo las estrellas queriendo estar allá arriba, viendo todo tan pequeño que no le tendría que dar importancia, y de pronto una estrella cae y me doy cuenta que así podré caer yo, entonces es ahí cuando me doy cuenta de que es mejor estar aquí abajo solo, yaciente en el suelo a estar arriba solo y con el temor de caer...
