Dejé de mirar a través de mis ventanas, mis pasos resonaron fuertes yéndose, una última mirada al reloj, un último café.
Te abriste a mi España, recuerdo hermoso, te conocí con mi cansancio, elaborado por mil pasos. Supe del bullicio de tus calles elevándose en la mañana, las voces fuertes y seguras, traspasando paredes, despertando oídos… sentí la vida en movimiento… en olores, en sabores; España, no te permites descansar. Ahí en algún lugar, están los viejos, con mirar cansado, sentados retozando lo que fue su vida, gozando de la simpleza de mirar y de una palabra amiga. España tranquila, la vieja, la sufrida; lo rescatado del dolor, la que venció la muerte, la que sobrevivió. Me impregné de los colores de tu tierra en primavera, bordada de rojos intensos abrazados de verde... descubrí tus amapolas como vestidos gitanos, delicados y fuertes haciéndose insistentes con el penetrante color. Hoy descansas España, brindando con vino, degustando sabores, te expresas fuerte, sin temor a que escuchen; y si quieres llorar, lo haces en coplas, romanceros gitanos, con tus poetas, pintores y orfebres vas tejiendo la historia. Todo me habló de los moros, de sultanes, de princesas y espejos con fuentes, exquisita arquitectura se quedó pegadita a mis ojos, que silencio en tus naves, que silencio en tus torres donde se escondieron doncellas transparentes en tus muros de antaño. Creo que solo se ven reflejadas en sus fuentes cuando la luna las baña. Que sigilosos caminaron los monjes de ayer, que ni huellas dejaron en los patios que sólo rosales decoran. Mientras los guías explican acerca de un portal, yo divago bajo un naranjo y cojo una flor de azahar, se irá conmigo, lejos muy lejos, le daré la oportunidad de ser siempre una flor... y de estar siempre cerca de mi corazón...
